El 11 de septiembre de 1976, el día en que empezaba la 24.ª edición del Festival Internacional de Cine de San Sebastián, el Comité Rector hizo público un «aviso importante». El alcalde, Francisco Lasa, que era también vicepresidente del Comité Rector del certamen, había propuesto que se suprimiera la cena de apertura y que las sesiones de los días 11 y 12 no tuvieran carácter de gala, de modo que no hiciera falta ir de etiqueta. El Comité lo aceptó. Lo ha recordado Mikel G. Gurpegui en su sección La Calle de la Memoria de El Diario Vasco, y es el punto de partida para contar una de las ediciones más convulsas de la historia del Festival.
Hondarribia, tres días antes
Era el primer Festival tras la muerte de Franco, y lo condicionó un suceso ocurrido fuera de las salas. El 8 de septiembre, en Hondarribia, la Guardia Civil mató a tiros a Josu Zabala durante una manifestación. Así lo recoge hoy el propio Festival en la documentación de su archivo histórico.
La tensión llegó a la misma noche de la inauguración. Gurpegui cuenta que, media hora después de acudir al acto oficial en San Telmo, el alcalde presidía un pleno extraordinario en el que la corporación condenó «enérgicamente la represión de los derechos de expresión y manifestación pacífica», mientras unas doscientas personas pedían su dimisión. Según informó entonces El Diario Vasco, a la salida parte de los asistentes acompañó al alcalde y al teniente de alcalde Otazu hacia el Teatro Victoria Eugenia; a la altura del Mercado de la Brecha, la fuerza pública cargó contra ellos y Otazu recibió golpes. Llegaron, aun así, a la proyección de la película inaugural, L'innocente (El inocente), de Luchino Visconti, que concursaba en la Sección Oficial.
La carta de Querejeta y Chávarri
El desencanto, el documental de Jaime Chávarri sobre la viuda y los hijos del poeta Leopoldo Panero, era una de las películas españolas seleccionadas para competir. Conviene precisarlo, porque a veces se le atribuye a Elías Querejeta: Querejeta fue el productor y Chávarri, el director. La decisión de retirarla fue de los dos y de buena parte del equipo.
El 13 de septiembre enviaron una carta al director del Festival, Miguel de Echarri, y después a la prensa. La exposición que el Festival ha abierto este mes reproduce su frase central: «Como protesta a la brutal represión que viene padeciendo el pueblo vasco y que de modo trágico y terrible se ha concretado una vez más en los últimos acontecimientos públicamente conocidos, quienes participamos en la realización de El desencanto hemos decidido unánimemente retirar la película». La firmaban Querejeta, Chávarri y buena parte del reparto, incluidos Felicidad Blanc y los hermanos Panero.
La dirección no se lo tomó bien. Según el acta del Comité Rector de ese mismo día que se muestra en la exposición, se acordó responder a Querejeta que la retirada «contraviene» el reglamento y avisarle de que se informaría a la Federación Internacional de Asociaciones de Productores (FIAPF), con la advertencia de mantener el mismo criterio con cualquier productor que adoptara «la actitud de defección del Sr. Querejeta». Esa expresión da título a la muestra. Noticias de Gipuzkoa recordaba en julio, a partir de la crónica de El País, que tampoco había margen para proyectarla contra la voluntad del equipo: la copia no estaba en San Sebastián.
El hueco lo ocupó otra película española. Según El Diario Vasco, la sustituta de última hora fue Libertad provisional, de Roberto Bodegas, que aparece en la lista de la Sección Oficial de aquel año y que acabaría ganando el Premio Perla del Cantábrico a la mejor película de habla hispana.
El gesto no se quedó solo. Llegaron telegramas de apoyo de José Sacristán, Geraldine Chaplin, Carlos Saura, Pedro Olea, Emilio Martín Lázaro o Eloy de la Iglesia, que pedían un «festival democrático». Ángela Molina declinó por telegrama su invitación. Y un grupo de periodistas y profesionales, entre ellos Maruja Torres, Ángel S. Harguindey, Diego Galán, Antonio Giménez-Rico, Elisenda Nadal y Pilar Miró, dejó de cubrir el certamen tras reprochar a su director haberse mostrado «voluntariamente ajeno» a lo que ocurría. Un joven Enrique Vila-Matas lo contó en el semanario Destino con un título elocuente: «El martirio de San Sebastián».
Lo que sí se vio
La programación siguió adelante. Martin Scorsese, que había ganado la Palma de Oro en Cannes ese mismo año, pasó Taxi Driver por la Sección Informativa, que no competía, junto a El hombre que cayó a la Tierra, de Nicolas Roeg, o El quimérico inquilino, de Roman Polanski. En la Sección Oficial estaban, entre otras, La profecía, de Richard Donner, Primo, prima, de Jean-Charles Tacchella, y Cara a cara, de Ingmar Bergman; fuera de concurso se vieron Atentat u Sarajevu y, en la clausura, That's Entertainment, Part II. Según El Diario Vasco, el jurado lo presidía la actriz mexicana Dolores del Río, a la que el Festival dedicó además una retrospectiva.
El palmarés oficial, que el Festival conserva en su web, dio la Concha de Oro a Los gitanos se van al cielo (Tabor ujodit v niebo, como la escribe el Festival), del soviético Emil Loteanu, un melodrama musical de Mosfilm basado en relatos de Máximo Gorki. Las Conchas de Plata fueron para Primo, prima y para Opiniones de un payaso, de Vojtěch Jasný; el Premio Especial del Jurado, para la australiana Caddie, de Donald Crombie, y los de interpretación, para Helen Morse por esa misma película y para Zdzisław Kozień por la polaca Culpable.
Lo que cambió después
El acta de aquel 13 de septiembre ya dejaba ver lo que venía: el Comité Rector reconocía que el Ministerio de Información y Turismo tenía «el propósito de estudiar serenamente la conveniencia de que la Ciudad de San Sebastián se responsabilice plenamente» del Festival. Según la investigación del proyecto Artxiboa, desde 1977 la gestión pasó a la ciudad y su Comité Rector dio entrada a artistas antifranquistas como Néstor Basterretxea o Eduardo Chillida. El Festival siguió recibiendo dinero público estatal, pero empezó entonces la transformación que culminaría, en sus propias palabras, en su democratización.
Cincuenta años después
El Festival ha convertido el aniversario en un ejercicio de memoria sobre sí mismo. La exposición «Una actitud de defección». El gesto que cambió el rumbo del Festival de San Sebastián (1976) se puede visitar hasta el 27 de septiembre en la primera planta de Tabakalera, con la carta original, el cartel de la edición, fotografías, telegramas y la caricatura de El Papus sobre el «Festival de carcas». A la inauguración, el 2 de septiembre, asistieron Jaime Chávarri y Vila-Matas.
Y El desencanto vuelve al Festival: una copia restaurada inaugura la sección Klasikoak de la 74.ª edición, que se celebra del 18 al 26 de septiembre. El Festival lo presenta como un acto de reparación.
Dónde ver hoy las tres películas en España
Datos consultados el 13 de septiembre de 2026:
- El desencanto. Está en FlixOlé, incluida en la suscripción, y en Prime Video se puede alquilar por 2,99 € o comprar por 7,99 € en HD. Movistar Plus+ la incluye en su Plan Libre: Cine y Series y su ficha anuncia una emisión el miércoles 23 de septiembre a las 20.26.
- Taxi Driver. Está incluida en el Plan Libre: Cine y Series de Movistar Plus+. En Prime Video se alquila por 3,99 € y se compra por 7,99 € en HD. JustWatch la sitúa también en la suscripción de Filmin y en alquiler y compra en Apple TV y Rakuten TV; no lo hemos podido confirmar en esas tres plataformas.
- Los gitanos se van al cielo. No la hemos encontrado en ninguna plataforma española. Mosfilm la tiene gratis en su canal oficial de YouTube, accesible desde España, en versión original con subtítulos en inglés, alemán o rumano, pero no en castellano.
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